Entrada #6: Trapos sucios en el hogar
RESUMEN DE LO ANTERIOR: Max acaba de regresar de parte de una operación que nadie, excepto él y dos personas más, conoce dentro del IDASI. Tras una conversación con el Dr. Alonso en la que este le informa de la gravedad de su estado, tiene una reunión con parte del equipo de operaciones en la que se le informa de que un cargamento de armas ha llegado al país, pero que se desconoce para quién es. Tras la reunión, tiene una pequeña discusiñon con DK a la que le sigue una apasionada reconciliación. Esa noche, DK acompañará a Jaume a una fiesta de “alta alcurnia” donde este espera conseguir información o al menos que las cosas se muevan de alguna manera que les de cualquier pista.
- ¡Tú y tus putas fiestas!
Marga del Mar, delgada pero sin llegar a la anorexia (aunque muy cerca de ella), estaba dándose los últimos toques de maquillaje al tiempo que trataba de mantener el equilibrio de su peinado. Usualmente, llevaba su cabello rubio suelto, con aquella melena lacia llegándole hasta la mitad de la espalda. En esta ocasión, hacía unos minutos que se había ido su peluquera tras hacerle un verdadero proyecto de ingeniería en la cabeza: algo “moderno a la par que elegante”, le había dicho.
En el salón, Jaume se acababa de servir una copa de ron añejo. Se sentó en un sillón, rezando porque su adorable esposa dejase de rezongar y quejarse a cada minuto.
En ocasiones como estas, Jaume sopesaba la posibilidad del divorcio, y si en realidad le resultaría tan caro en relación con la paz y tranquilidad que obtendría. No es que Marga, por su lado, fuese pobre. Era una de las empresarias más importantes del gremio de la hostelería en España. Tenía una pequeña cadena de hoteles, pero lo que más ingresos le reportaba eran las discotecas que tenía distribuidas por todo el país. Sin embargo, sabía que en el caso de que se diese el divorcio, ella pondría su mayor esfuerzo en rapiñarle gran parte de su patrimonio. Y la cosa no terminaría ahí. Seguro que haría todo lo que estuviese en su mano para convertir la existencia de Jaume en un placentero viaje por las mejores vistas del infierno.
- ¡Debía ir a la presentación de ese disco! – volvió a gritar Marga – Quiero que haga una mini-gira por las discotecas y que toque un par de canciones en la inauguración de “Ox”.
Aquella jodida discoteca nueva le tenía a mal traer. Que si “Ox” por aquí, que si “Ox” por allá… El poco tiempo que pasaban juntos, lo único que hacía era hablar de “Ox”. Jaume perdió la paciencia.
- ¡Deja de dar la vara! Frankie va a estar ahí.
- ¡Eso es lo que preocupa! – dijo ella.
En eso, Jaume no tuvo más remedio que darle la razón. Ese Frankie era la inoperancia encarnada en ser humano, aunque esa definición quizá pecase de inexacta, porque para lo que quería, era un genio. El problema era conseguir que sus aficiones a las substancias inhibidoras de la realidad y a las adolescentes calenturientas no le distrajesen de sus obligaciones. Era cierto: delegar una responsabilidad en Frankie, al que le añadían el apelativo de “calabaza”, tenía las mismas posibilidades de éxito que las de un huevo para mantenerse entero bajo una avalancha.
Jaume se incorporó del sillón y se asomó a la habitación de Marga. No había duda: estaba hermosa. Cuando se empeñaba en ponerse guapa, le recordaba a aquellos tiempos en que entre los dos había algo más que una obscena cantidad de dinero.
- Marga, por dios, basta ya – le dijo Jaume, suavizando el tono -. Llevas con esta cantinela desde que llegaste. Sabes que tengo que ir a esa fiesta. Y que a esas fiestas debo ir contigo. Acordamos que en estas cosas, yo tendría prioridad. Mis intereses son más… complejos que los tuyos.
Marga detuvo su proceso de acicalamiento y giró la cabeza hacia él, con cuidado de que a algún mechón de su cabello no le entrasen ganas de adquirir la libertad.
- ¡Cómo si no te encargases de recordármelo constantemente! Tú y tus putos “intereses”, tú y tus putas relaciones públicas…
- Joooder, Marga – Y era entonces, cuando se daba cuenta de que no había manera de recuperar lo que hubo alguna vez.
- ¡Si no hubieses sido tan cabrón de avisarme esta mañana…! – continuó ella, mientras volvía a mirarse en el espejo – Tuviste que esperar al último momento.
- Como me conoces, cariño – contestó él, de manera desganada.
Marga se giró. Sus ojos estaban cargados de odio y desprecio, pero todo su rostro parecía esculpido en hielo.
- Vuelve a decirme “cariño” y te doy una hostia.
Ambos se quedaron inmóviles, mirándose directamente a los ojos, los dos desafiantes.
Sonó el timbre. Ninguno se movió.
El timbre volvió a sonar.
Marga volvió la cara hacia el espejo, y cogió con una mano una pequeña esponjita.
- ¿Podrías hacer el favor de abrir la puta puerta? – le dijo a Jaume -. Tú fuiste quien les dio libre la noche de los viernes.
Jaume resopló con fuerza y se dirigió hacia la puerta principal. Mientras llegaba, el timbre volvió a sonar. Al abrir, su gesto cambió. Era DK. Vestía un traje largo de noche, de color rojo, con un más que generoso escote. Claro, que con aquella potencia, hasta un cuello de tortuga podría considerarse un “generoso escote”. Jaume dejó reposar su mirada un poco más sobre ella.
- Muy guapa. Anda, pasa.
DK entró en el apartamento. Era la primera vez que veía el entorno privado de Jaume, y era como se lo había imaginado. Una residencia práctica, sin caer en el minimalismo pero sin excesivas decoraciones. Con todos los lujos, por supuesto: televisor de alta definición colgado en la pared, un equipo de música discreto pero potente, algún que otro gadget de última tecnología dejado descuidadamente por ahí, muebles de diseño seguramente exclusivo… Y eso que este era el domicilio ocasional en Madrid. La verdadera residencia se encontraba en Barcelona. Si ésta era así, como sería la otra.
- Ahí está la loca – le dijo Jaume, manteniendo la puerta abierta -. A ver si puedes conseguir que se calme un poco y que se acelere. A este paso, vamos a llegar tarde. Os espero abajo.
Salió, cerrando despacio la puerta.
- ¡Mierda! – gritó una mujer desde alguna parte – Esta sombra no vale. Tráeme el bolso.
DK vio un bolso que estaba encima de una mesita de la sala. Lo cogió y, haciéndose idea del lugar de donde provino la voz, llegó hasta la habitación donde estaba Marga. Entró, tendiendo el bolso con la mano.
- Aquí tiene – dijo.
Marga se giró ante la voz inesperada, encontrándose a aquella voluptuosa muchacha enfrente de ella.
- ¡Vaya! ¿Y tú quién eres?
- Su guardaespaldas por esta noche, señora.
Marga cogió el bolso que le ofrecía.
- Llámame Marga, como todo quisque – y mirando de arriba a abajo a DK, añadió -. Pues si que tiene buen gusto mi “maridito”. ¿Hace mucho que trabajas para él?
- Soy… la nueva encargada de seguridad – Por lo que DK sabía, Marga no estaba al tanto de todas las actividades de su marido. No había pensado que se daría este tipo de conversación, por lo que tuvo que improvisar.
- ¿De cuál de sus empresas? – preguntó Marga, pero añadió con rapidez – Oh, no importa. Seguro que tampoco la iba a conocer.
DK suspiró para sus adentros. Hubiera podido meter la pata hasta las orejas. En aquel momento, no le venía a la cabeza ninguna empresa de Jaume que este mencionase alguna vez.
Marga continuó maquillándose en silencio. DK permaneció bajo el quicio de la puerta, respetuosa en casa ajena. De pronto, Marga se detuvo, miró a DK y dijo con sequedad:
- ¿Te lo tiras?
DK fingió no haber entendido la pregunta.
- ¿Qué?
Ahora Marga se volvió completamente hacia DK.
- Que si te lo tiras. A mi marido.
No podía creer que le estuviese haciendo esa pregunta. Primero, por lo directo de la misma. Segundo, porque era una cosa que jamás se le hubiese pasado por la cabeza. De hecho, una parte de ella consideraba que la relación con Max era un error por estar ambos en el mismo trabajo. Y si pensaba eso de un compañero, con el jefe qué decir.
- ¡No! – contestó, cargando todo lo posible de verosimilitud su negación, por miedo a ser encontrada culpable.
Marga se quedó mirándola en silencio. DK se sintió incómoda y desvió la mirada.
- No mientes – dijo Marga, volviendo de nuevo al espejo -. No es que me importe. Si alguien inventó la expresión “matrimonio de conveniencia” fuimos Jaume y yo.
Marga se quedó mirando en el espejo. A primera vista, parecía estar examinándose el maquillaje, pero un examen un poco más profundo desvelaba que no estaba mirando lo que estaba viendo.
- No voy a negar que hubo un tiempo en el que lo amé. Pero eso ya quedó muy atrás – Se volvió hacia DK -. ¿Tú estás enamorada?
- Bueno, para ser franca… No lo sé – y así era. Al decirlo, se dio cuenta de que no las tenía todas consigo. La mayoría de las veces se encontraba cómoda con Max, sólo eso. Intuía que debía de haber algo más profundo, pero cuando buscaba no lo encontraba. Su ausencia repentina le había afectado, pero sospechaba que había sido así sólo por el temor a quedarse sola de nuevo.
- Muy bien, chica. Esa sí es una respuesta – Marga comenzó a guardar el maquillaje en diferentes bolsitas de tela -. La mayoría de las veces no lo sabemos, pero nos convencemos a la fuerza de que lo estamos. Y luego pasa lo que pasa.
Guardó las bolsitas en unos cajones, se estiró un poco el vestido y se giró frente a DK.
- Me has caído bien. Si el cabrón de mi marido intenta acostarse contigo, ven a buscarme. Yo te daré un empleo de verdad.
Marga cogió su bolso y le hizo un gesto a DK, señalando hacia fuera.
- Bien, ya estoy. Vamos.