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Entrada #10: Rodeadas

Resumen de lo anterior: Max, que acaba de regresar de latinoamérica, está enfermo. Mucho estrés y corre el riesgo de morir. Durante el tiempo que estuvo fuera, el IDASI tuvo conocimiento de un cargamento de armas que llegó al país, aunque se desconoce su destinatario. Jaume acude a una fiesta donde un hombre mata a un conocido suyo, cuya reacción ante los rumores que este comenzó a esparcir fue un tanto sospechosa. El asesino es capturado y, al interrogarle, les da una dirección. Un equipo formado por DK, Dante, el Gitano, Bámbola y Abigail acuden a inspeccionar. Se trata de un pub completamente vacío, con excepción de una portátil. Se la llevan pero, al abrirla dentro de la furgoneta donde van, estalla.

Dk estaba sentada en un soportal. Sobre sus rodillas reposaba la cabeza de Abigail, inconsciente. Sangraba bastante. Tenía que llevarla a algún hospital o por lo menos a la base, pero no era el mejor momento para moverse. Al poco de la explosión, el lugar se llenó de Guardias Civiles. Natural: muy cerca de allí había una casa cuartel y sin duda pensarón que aquel regalito había ido dirigido a ellos. Aquella "coincidencia" parecía demasiado premeditada. En el caso de que hubieran echado a andar el ordenador en el mismo lugar donde lo habían encontrado, aquellos que la explosión no se hubiese llevado por delante, habrían sido detenidos por los Civiles. De no ser así, la explosión hubiera seguido siendo útil para quien la envolvió para regalo.

Apenas había tenido tiempo de refugiarse donde se encontraba. A medida que corría con Abigail, que había aguantado lo suficiente como para llegar al soportal, los edificios cercanos habían ido poblando sus fachadas de luces. DK no tenía ni idea de que había ocurrido con los demás. Ni siquiera sabía si seguían dentro de la furgoneta. No había tenido tiempo de avisarles de lo que iba a ocurrir cuando aparecio aquella cuenta atrás en la pantalla.

El protocolo a seguir en una situación de este tipo indicaba que cada miembro del equipo debía valerse por sus propios medios y, a ser posible, llegar hasta la base sin preocuparse por los demás. Jaume, desde que se hizo cargo, había insistido en la importancia de seguir el protocolo. Nunca lo habían cumplido a rajatabla, excepto Dante, que era un egoista redomado. Si Bámbola estaba herida, seguro que ese cabrón no le había echado una mano.

DK suspiró, cerró los ojos y agachó la cabeza, tratando de concentrarse en como salir de allí. No podía cargar con Abigail. Además de pesada, con su herida en la cabeza llamaba la atención como un huevo duro en la cima de una montaña de estiercol. Era cuestión de tiempo de que la Guardia Civil empezase a revisar la zona. O peor, algún curioso del edificio en cuyo soportal se encontraba podría decidirse a bajar para curiosear un poco más de cerca.

Como si al pensarlo hubiera activado un interruptor, tras ella se encendió la luz del portal. Bueno, aquello iba a doler…

Un hombre abrió la puerta y miró al cuerpo de Abigail, tendido frente a ella. DK estaba de pie y le propinó una patada en la entrepierna que le hizo doblarse de dolor y caer de rodillas, momento que ella aprovecho para despegar su bota con dirección a la cara. El hombre cayó hacia atrás, sangrando e inconsciente, su puerto bloqueando la puerta. DK metió en el portal a Abigail, retiro al hombre hacia un lado, cerró la puerta y esperó a que la luz se apagara de manera automática, tal y como hizo. Después, ató y amordazo al hombre rasgando el pijama que éste llevaba puesto y lo retiro detrás del mostrador de la portería.

Aquello era al menos un progreso. Todavía corría el riesgo de que alguien más bajara, además de que no sabía cuanta gravedad revestía la herida de Abigail: podría ser tanto algo inofensivo como un trauma mortal. Ni idea de cuanto era el tiempo de que disponía, pero al menos había ganado algo y corría menos riesgo de ser atrapada por la Guardia Civil. Un riesgo que, por otra parte, al mismo tiempo aumentaba con cada segundo que permanecía tan cerca.

Sonó su móvil. Lo sacó y lo miró: era Bámbola.

- ¿Dónde estás? – preguntó DK al contestar la llamada.

- A una manzana más o menos de la explosión – le contestó Bámbola desde el otro lado de la línea.

- ¿Has visto a Dante?

- Le ayude a salir de la furgoneta. Al ver que vosotras salíais por vuestros propios medios, me ordeno salir de allí. Él corrió en dirección contraria a la mía.

Hijo de puta – pensó DK.

- ¿Qué hacemos ahora? ¿Estáis bien? – preguntó Bámbola.

- Abigail está herida – dijo DK. Luego, se miró a si misma. No parecía sufrir de nada que fuese muy evidente, salvo algunos arañazos y, sin duda, contusiones ocultas bajo la ropa -. Yo estoy bien, pero debemos llevarla a algún sitio: está inconsciente.

- ¿Busco a Dante?

- Este cabrón debe de estar camino a la base. Ya sabes como respeta él el estúpido protocolo.

Se hizo un silencio en la comunicación.

- Bámbola – dijo DK – ¿sigues ahí?

- Sí – dijo ella -. Tengo una idea. Llama a la base. Pide que vengan a buscarte.

- ¡Pero esto cada vez está más lleno de Civiles y policía! No funcionará.

- Sí lo hará. Voy a crear una distracción.

- ¡No! – grito DK, arrepintiendose en el mismo momento de hacerlo – No -repitio en voz más baja -. No va a funcionar. Te cogeran.

- Lo dudo. Tú hazlo.

- ¡No! ¡Bámbola, no! – pero la comunicación ya se había cortado. Ahora, no había discusión posible. Bámbola haría lo que acababa de decir y no DK no pensaba dejar que el riesgo que corriese fuera en vano. Miró su teléfono. Si llamaba directamente a la base, sería Max quien viniera a recogerlas. No, no podría ser…

Pulsó varios números y espero a que dejase de sonar el tono de llamada. Al otro lado de la línea acababan de contestar y el silencio indicaba que se trataba de K. Aquel tío no hablaba ni por teléfono.

- K, escúchame. Bajo ninguna circunstancia informes de esto a Max. Simplemente, posicioname y ven a recogerme. Ha habido una explosión…

Afuera, las sirenas que anteriormente se habían calmado, recobraron nuevas fuerzas. Fuera lo que fuese que pensaba, Bámbola había comenzado a hacerlo.

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